¡A la calle, a mostrarnos a cuerpo!

Larai larai larai laralero.
¡Que linda la madrugada
con ese sol tranfoguero!
Cuando se haga llamarada
va alumbrar el mundo entero.
Larai larai larai laralero.
¡Qué linda la madrugada
alumbrando al mundo entero!”
Ignacio C. Soriano Jiménez

8 de diciembre de 1933, son las 4 de la tarde y en el camino de San Ramón de Barbastro, en Huesca, la guardia civil no da crédito de lo que acaba de encontrar en una zanja cercana al pueblo: 19 bombas, revestidas de cemento de cuatro kilos de peso cada una, 109 cartuchos de pistola, 57 cartuchos de dinamita, dos revólveres, 168 cartuchos de Mauser, una caja de municiones de pistola, 82 cargadores de caza, siete cargadores Remington, una tercerola Remington, rollos de mecha, dos bujes de carro, tres kilos de clorato de potasa… de repente, en medio de semejante hallazgo, una quincena larga de hombres se acercan, escondidos los militares, esperan a que la cuadrilla se acerque y les dan el alto. Los disparos se cruzan y en la refriega cae Alejandro Castán Ferrer y es herido otro compañero suyo, José Trallero, los dos militantes de la CNT.

Calle Hernan Cortés, Zaragoza, 8 y media de la tarde del mismo día. Un camión de fuerzas de Guardia de Asalto intenta retener a un grupo de gente que está alborotando, consiguen detener a tres de ellos, y los suben al camión, en ese momento un grupo los dispara desde un callejón y arrojan una bomba de mano al automovil. Comienza un tiroteo. Es el primero de muchos que se darán a lo largo de una semana en una Zaragoza paralizada y sumida en el caos.

Son las primeras horas de un levantamiento, que encabeza la CNT y que no apoyaran ningun otro sindicato mayoritario, ni partido, con epicentro en la capital aragonesa, y que se extiende por buena parte del estado español:  Aragón, La Rioja, Extremadura, Andalucía, Cataluña…

Las rotativas del vocero “CNT” lanzan un manifiesto el 9 de dicembre:

“Pueblo: la CNT y la FAI te llaman a la insurrección armada. La hora de la revolución a sonado el momento tan anhelado por el pueblo para terminar de una vez con los sufrimientos, privaciones y opresión seculares ha llegado ya. Vamos a la realización del Comunismo Libertario…”

manifiestocnt

Aunque el gobierno intenta minimizar o negar los hechos, el levantamiento produce incidentes de menor o mayor grado en casi todas las provincias. Cortes de las comunicaciones, sabotajes, descarrilamiento de dos trenes (con numerosas personas muertos y heridos) incendios de edificios públicos e iglesias, paros, enfrentamiento con las fuerzas de orden público…

La gravedad de la situación lleva a la gobierno a declarar el estado de alarma, que se mantendrá activo hasta el 4 de enero, fecha en que se rebajara la prevención. Se suspenden así algunos artículos de la constitución, que implica la perdida de derechos individuales y colectivos. Se prohíbe la formación de grupos, tres toques de aviso serán suficientes para hacer uso de la fuerza, se establece la censura previa, la suspensión de publicaciones, detener a quien se considere oportuno, registrar domicilios y correspondencia y la anulación de los derechos de asociación, reunión y manifestación.

En Euskal Herria, aunque la incidencia de esta insurrección no fue tan importante y el foco más significativo se da en Labastida, son muchos y muchas los que salen a la calle a “pasearse a cuerpo”. El libro “La España Rojinegra. La insurrección anarquista de diciembre de 1933” de Fermín Escribano Espligares da cuenta de manera exhaustiva de incidentes de mayor o menor grado en más de un veintena larga de localidades vascas.

En Iruñea por ejemplo, se convoca una huelga general, aunque con nula repercusión, y se intentan sabotear las las comunicaciones férreas y explosiona un petardo en el pasaje de La Jacobina.

En Villafranca-Alesbes, la noche del domingo día 10 son rociadas con líquidos inflamables las puertas de las casas de los señores de Zapatería. Al día siguiente, hay agitación en la plaza y la guardia civil es recibida hostilmente. Estos disparan matando a Juan Mañas Gomara y causando varios heridos. Además un pajar de las afueras es incendiado.

En Donostia, la noche del domingo se producen las primeras explosiones en Gros, Miracruz y la calle de Peña y Goñi. La estación del Norte es saboteada y la línea de Irún no puede circular debido a la explosión de tres bombas que levantan los rieles. En la zona de las cocheras de los tranvías se inicia un tiroteo. Tranvías y taxis dejan de funcionar y los autobuses transitan protegidos por guardias de asalto. El gobernador civil ordena cerrar locales públicos y prohíbe la circulación desde las 5 de la tarde a las 8 de la mañana. Se producen detenciones y se clausura el local de la CNT. Los piquetes vuelven a actuar el día 11 en el puente del Kursaal y barrio de Ategorrieta, donde se apedrea la central eléctrica, y  donde se produce un tiroteo.

También se registran incidentes en Eibar, donde se incendia un taller de armas, explota algún petardo en Errenteria y Pasaia y se registra también algun disturbio en Zarautz.

En Bilbao el intento revolucionario pilla a la militancia agotada tras las protestas de noviembre contra el alza del pan que han tenido repercusión en ambas margenes de la ría. No obstante, en la zona del gran Bilbao también se producen en esas fechas actos de sabotaje. En Bilbao explotan petardos en el centro de la ciudad: puente de Isabel II, el actual puente del Arenal, Alameda Mazarredo, calle Cortes… El día 10, el gobernador limita la formación de grupos en la calle, es clausurado un local situado en la calle Zabala y la guardia civil patrulla en grupos de seis con tercerolas. En Basurto se registra algun disturbio, tambien en Larraskitu donde estallan algunos cartuchos de dinamita.

En Barakaldo también, a pesar de la presencia agobiante de las fuerzas de seguridad, explotan petardos en el puente de Santa Agueda en la Hidroeléctrica Ibérica y se revienta una tubería cerca de una de las plantas de Altos Hornos. También es afectada la iglesia del Buen Pastor en el barrio de Lutxana. También hay tiroteos en el fortín del monte Serantes. En Santurtzi son detenidos 20 anarcosindicalistas cuando estaban reunidos. En Bizkaia se clausuran numerosos locales de la CNT y la FAI.

En Araba como hemos visto, el conato mas importante se registra en Labastida pero en Gasteiz también se suceden diferentes actos a partir de la noche del 9 al 10 de diciembre. En la capital alavesa se desarrolla una huelga parcial, con mayor incidencia en el sector de la construcción y fabricas como la de Curtidos Laza, Sacos Rica S.A. y Ajuria S.A.. Es en las cercanías de esta fábrica, donde en un enfrentamiento entre policía y piquetes es herido de muerte Francisco Basterra Alonso. Se registran también pequeñas explosiones en el Portal de Santo Domingo, en el de Arriaga y en la calle Independencia.

En Agurain hieren a un sargento de la guardia civil y hay, al menos, 3 detenidos. También los hay en Maeztu, Laguardia y Eltziego.

El 13 de diciembre, el Ministro de guerra, Vicente Iranzo Enguita, declara que “El movimiento ha sido duro e intenso en proporciones tales que da lugar a reflexionar, porque no se comprende la cantidad de elementos destructores que se han reunido y el número y extensión de los hombres movilizados” Ciertamente, el balance en números de apenas un puñado de días ofrece cifras apabullantes. Según ha documentado Fermín Escribano, durante los días en conflicto mueren entre 80 y 84 militantes de la CNT y otros 65-85 personas resultaron heridas (las cifras bailan más en función por ejemplo de que los y las anarquistas a veces, no se presentaban en el hospital para evitar una posible detención). Durante aquellos primeros días de diciembre y su resaca posterior, son detenidas unas 5.720 personas. En Euskal Herria el número de personas detenidas en esas fechas es de 388 personas. 144 en Araba, 84 en Bizkaia, 70 en Gipuzkoa y 90 en Nafarroa. Del otro lado, fueron 18 los muertos entre las fuerzas de seguridad y alrededor de 82-92 los heridos. Se ha documentado también que unas 152-161 personas que no pertenecen a ninguna categoría anterior que resultaron muertas en aquellos días y unas  300 las personas heridas.

La insurrección, tuvo especial repercusión en Aragón, La Rioja y Navarra, verdaderas impulsoras del movimiento en el plano sindical, que aportan la mitad del número total de detenciones y buena parte de los muertos confederales. Tal y como veremos en el caso de Labastida, cuando el fascismo golpea en el julio de 1936, los datos estadísticos de los asesinados lejos del frente de guerra, coinciden de una manera cristalina con los de las personas detenidas por los hechos de diciembre de 1933. En la Rioja este “abrazo de la muerte” es tan evidente, que se puede hablar incluso de exterminio confederal.

En el plano político, tras este intento insurreccional, la CNT queda en una posición extremadamente delicada, con el sindicato ilegalizado, prensa y locales clausurados y miles de militantes llenando las cárceles. La AIT en el congreso de Zaragoza de 1936 reparte responsabilidades entre todas las partes: “los unos por ofrecer lo que no pudieron cumplir y los otros por impacientes” y se hace una seria autocrítica. El ensayo-error de esta ocasión deja muy golpeado a los y las anarcosindicalistas, aunque planta cara a la creciente derechización de aquel momento y suministra una valiosa experiencia en el campo revolucionario a sus cuadros para lo que después vendrá, en octubre de 1934 primero y en el verano de 1936 después, con el golpe de la reacción.

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