Labastida


Última actualización: 7 de septiembre de 2018


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En 1930 Araba tenía una población total de 104.176 habitantes, de ellos 40.641 habitantes vivían en Vitoria-Gasteiz y el resto 63.535 personas, lo hacían repartidas en el resto de localidades de la provincia.

La población activa que se dedicaba por ejemplo a la industria en la provincia entonces era de un 22,78% y al de la agricultura era de un 48%.

En los pueblos, el medio de vida principal era el agrícola y las herramientas de trabajo aun eran las antiguas. Se trabajaba con las manos, azadas, palas, zarcillos, hoces… se labraba con el clásico arado romano y en menor medida con arados brabantes los dos tirados por mulas, bueyes o yeguas. La maquinaria no llegaria al campo bastidarra hasta mediados de los años 20.

Escasos eran los medios de comunicación entonces, numerosos pueblos sólo tenían caminos en varios kilómetros, y todavía otros no disponían de electricidad para tener radio o teléfono. Únicamente el cartero era el enlace con el exterior. La cultura y la educación les podía llegar entonces a través de la figura del maestro, la República en ese sentido hizo una apuesta importante para que todos los pueblos, por pequeños que serían, dispusieran de un maestro y una escuela, o del sacerdote. La iglesia entonces contaba con una influencia enorme en Araba.

El ambiente ideológico y político mayoritario en los pueblos era el tradicionalista y con el estaba alineado el clero mayoritariamente. La conciencia de clase y capacidad de organización en sindicatos era escasa entonces, con la mayoría de personas trabajadoras dispersas en el campo y casi el 80% de ellas con tierras de cultivo en propiedad, sin grandes centros de trabajo que facilitaría la organización y toma de conciencia, y recluidas en las labores de casa, las mujeres, además también de ayudar trabajando en el campo. Araba entonces no tuvo un grado alto de conflictibidad laboral muy grande en comparación con otros lugares. Entre 1931 y 1936 se produjeron apenas 20 huelgas, casí todas en Gasteiz y el resto en la Rioja Alavaesa (en esta comarca la cantidad de jornaleros sin tierra era mayor que en el resto).

El perfil de Labastida, municipio fundado en 1196, correspondía en aquellos años plenamente a las características propias de la comarca en la que está ubicada. Su riqueza vitícola atraía en la época de la vendimia y de la cava a un buen número de jornaleros inmigrantes, que se unían a los que residían habitualmente en el pueblo. Tambíen entonces se sembraba abundante cereal.

A principios del siglo XX, la plaga de la filoxera causó unos daños irreparables en los viñedos de La Rioja y Álava y por ende, en su economía. 2.340 hectareas de viñedos, sólo en Labastida, se vieron afectadas por esta plaga. En Labastida, la población descendió un 32%, desde 1900, año en que contaba con 1.583 habitantes, hasta los 1.072 habitantes censados en 1930. La constante emigración a las zonas industriales, en busca de trabajo, mermó la vitalidad del pueblo. Así pues, costo mucho esfuerzo y tiempo replantar los viñedos y que el sector levantara la cabeza. Además, la crisis económica mundial, que siguió al crack bursátil de Estados Unidos en 1929, hundió el consumo de vino y sumió al colectivo de viticultores alaveses en una larga crisis.

La vida política y social del municipio se realizaba en torno a dos centros políticos: el tradicionalista y el republicano. Entonces existian locales como el del Círculo Liberal y el Círculo Jaimista y más tarde el del Círculo Repúblicano en la planta de arriba del bar “Toloño” en la plaza. Los republicanos bastidarras precisamente, habían celebrado la proclamación de la República de 1931 con disparos de cohetes y una gran manifestación, acompañados de banderas republicanas y socialistas, retratos de los militares Fermin Galán Rodríguez y Angel García Hernández, precursores de la llamada “Sublevación de Jaca” y una banda de música. La marcha pasó junto a la casa del veterano republicano del pueblo, Ubaldo Martínez “El Chato”, de ochenta años y testigo de la primera República de 1973, que asomándose al balcón en el barrio de Larrazuria, pronunció un discurso. Cómo anecdota, también cabe reseñar el paso fugaz por Labastida, camino de Laguardia, del Presidente de la República, Alcalá Zamora, el 18 de abril de 1932 donde la prensa dice que fue aclamado.

Los resultados de las diversas convocatorias electorales muestran por lo general una victoria de las derechas, aunque con resultados importantes también en las candidaturas de izquierda, el PNV obtenía entonces una escasa cantidad de votos. Sin ir mas lejos, el Ayuntamiento de Labastida elegido por votación en abril de 1933 y que sustituía al proclamado dos años antes por el artículo 29 -es decir, sin proceso electoral, al no rebasar el numero de candidatos a elección al numero de concejales- arrojo un resultado de seis concejales tradicionalistas, uno de Acción Republicana, un republicano independiente y un radical socialista que eligieron como alcalde a Luís Martínez Hidalgo, miembro de la Comunión Tradicionalista. Así quedaría entonces el escrutinio: Alejandro Amurrio Moreno (276 votos), Francisco Martínez Ayala (275 votos), Luis Martínez Hidalgo (273 votos), Julio García San Bartolomé (272 votos), Miguel Amurrio Ruíz Del Portal (271 votos), Víctor González Pérez (271 votos), Ignacio Martínez Amurrio (103 votos), Vicente Lobera Bartolomé (101 votos), Eloy Lanzos García Muga (99 votos), Agustín García Muga (96 votos), Mayorico Almarza Prestamero (94 votos) y Jerónimo Saíz Estella (87 votos).

Resultados similares arrojaron las elecciones a Diputados a Cortes, resueltas en segunda vuelta. Los resultados otorgarían 157 votos a los Tradicionalistas de José Luis de Oriol y Urigüen y a distancia como segunda fuerza, los 36 votos que recibió el alavés Félix Susaeta, candidato de una coalición formada por Acción Republicana, PSOE, PRRSI y Partido Republicano Autónomo de Álava. La CNT llamo entonces a la abstención. Previamente, el 5 de noviembre, también tuvo lugar el plebiscito para la aprobación del Estatuto de Autonomía del País Vasco, las primeras elecciones en las que mujeres podrían por fin votar, y que las que en Álava no consiguió, por el influjo de la derecha como bien refleja el resultado en Labastida, la mayoría requerida. Los votos favorables en Álava no alcanzaron la mayoría del censo, y la oposición de los carlistas y los vaivenes del contexto político general hicieron que la tramitación de aquel estatuto quedará suspendida.

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En marzo de 1936, unas nuevas elecciones generales, fruto del panorama político convulso y las continuas crisis políticas, dejarón un resultado mas ajustado. José Luis Oriol obtendria 228 votos, frente a los de Ramón Viguri y Ruiz de Olano, candidato de Izquierda Republicana dentro de la candidatura del Frente Popular, que obtuvo 205 votos.

Además de los partidos políticos, la vida política de la localidad estaba vertebrada también por tres sindicatos: La UGT, el Católico Agrario y el Sindicato Único (anarquista), protagonistas de nuestra historia en esta web .

Con la llegada del golpe de estado de 1936, Labastida, donde la implantación de la ideología carlista estaba muy implantada, y en menor grado la falangista, hace que como el resto de Álava, a excepción de Laudio y Aiara, las fuerzas se inclinen a favor del bando fascista sublevado. Del entusiasmo con que el conservadurismo español en la localidad abrazo el golpe de 1936 y el grado de conflictividad política de aquellos años en Labastida hablan dos datos estadísticos importantes. El número de voluntarios para alistarse y tomar las armas contra la República fue de 77 personas (64 con los Requetes, 11 con la Falange y 2 más al ejercito golpista) El 8,8% de la población entonces, de los más altos de la provincia. Más que los que forzosamente fueron alistados en el ejercito o en aquel momento cumplían el servicio militar (74 personas)2. El otro dato es el de la violencia de los golpistas, Labastida es el municipio con mayor índice de represión física de la provincia. Más del 1% de sus vecinos fueron asesinados, paseados o ejecutados, mientras que la media provincial es del 0,185 %3.

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Soldados italianos (en el medio) con gente de Labastida

Durante el periodo de la guerra civil además, se instaló en Labastida un destacamento del Corpo Truppe Volontarie, una fuerza italiana de combate, enviada por Benito Mussolini, que se instaló en el pueblo con tiendas de campaña y que habitó en varias casas, donde habitaban oficiales en unas y el resto de la tropa en otras. Una fue en la calle El Frontín, a la altura de donde se encuentra actualmente el Bar Bastida´s, otra en la calle Mayor frente a la pescaderia Maite, otra casa frente al Jatorrena y en la casa detrás de la fuente de El Cristo.

En Álava, las tensiones entre carlistas y falangistas, que tuvieron también una sede en el pueblo, por el reparto del poder fueron notables. Esto lo ejemplifica lo ocurrido en Labastida el 17 de julio de 19371, en la celebración del 1er aniversario de la sublevación, donde varios requetés se negaron a saludar brazo en alto a la manera fascista, tal y como se exigía por decreto desde abril de 1937, y se enfrentaron a los guardias civiles cuando quisieron obligarles a hacerlo.

Anarquía en Labastida
Los impulsores de la CNT en Labastida fueron: Daniel Quintana Martínez, Amos Madrid Villalonga, Felipe Barrio Maurín, Sixto Barrón Martínez, Luis Gil Sáez, Ponciano Quintana Martínez y Agapito Vadillo Porres. En 1923 estos fundaron la organización anarcosindicalista Sociedad Obrera. Al termino de la dictadura de Primo de Rivera, esta formación sindical se denominó después Sindicato Único y estaba adscrita a la CNT y se puso en marcha con una treintena de afiliados.

En plena reconstrucción tras la dictadura, el Sindicato Único tenía en Araba, en junio de 1931, 400 personas afliadas (otras fuentes hablan de 750). En la Rioja Alavesa tuvo presencia, además de en Labastida, en Laguardia, Lapuebla de Labarca, y en Eltziego, donde estaba organizado un núcleo importante.

En aquel contexto, la toma de conciencia de aquellos bastidarras se fue produciendo, entre mitines como el de Angel Pestaña Nuñez en el antiguo Frontón Carrasco de Haro, leyendo la prensa anarquista “Solidaridad Obrera”, “Tierra y Libertad” o la serie de relatos cortos “La Novela ideal”, reflexionando en torno al pensamiento de figuras como Bakunin, Kropotkin, Federica Montseny o Isaac Puente. Y través de la convulsionada escena política española, y la observación de la propia realidad y de las desigualdades que se vivian en su propio pueblo.

En aquellos tiempos los anarcosindicalistas bastidarras eran vigilados muy de cerca por las autoridades locales y la Guardia Civil, siendo notoria la presión de la benemerita cuando estos organizaban mitines o salian al campo, en los días festivos, para reunirse y movilizar a los campesinos.

Fueron primero Esteban Manzanos y Sixto Barrón después, los que desempeñaron entonces el cargo de secretario del sindicato hasta que en 1933, que cogió el testigo del cargo un jovencisimo José Gil Cámara, de 16 años, con una solida cultura general básica y que había cursado estudios primarios, con excelentes notas, en el colegio religioso de San Viator de Vitoria. En aquellos años, están documentadas las visitas a casa de Barrón, del destacado militante anarquista Eugenio Sacristán Carrasco. El propio Sixto daba conferencias también en Casalarreina, Cenicero o Briones.

La situación política en el estado español hizo ponerse en guardia a los anarcosindicalistas de Labastida, que se comenzarón armar. Pronto se hicieron con algunas pistolas y con explosivos y mechas con las que confeccionar explosivos con tubos y tornillos de hierro. Esta labor la realizaban aprovechando las noches, en las cuevas propias dedicadas para la convesación del vino . En aquel tiempo las reuniones del sindicato eran casi diarias y se hacian por lo general, en la planta baja de la casa de Esteban Manzanos.

Para 1933 el Sindicato Único de Labastida contaba entonces con unos 60 afiliados, de los que una amplia mayoría se ganaba el sustento trabajando en el campo a jornal; unos pocos estaban casados, algunos con hijos e hijas, y vivían con sus padres y madres o los de su pareja, pequeños propietarios agrícolas; los restantes eran jóvenes solteros que vivían con sus progenitores, modestos trabajadores del campo con tierras arrendadas o también propias.

1 AIMNO. Fondo Álava. C. 60. Causa. 1143-37.
2 “El voluntariado alavés durante la Guerra Civil” Tesis doctoral de Germán Ruiz Llano. Universidad Compluetense de Madrid, 2016.
3 “Matar, purgar, sanar” Javier Gómez Calvo (Tecnos, 2014)

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